Tengo un amiguete en Guadix que, además de tener un hotel fantástico que os recomiendo si os dejáis caer por allí (Hotel Mulhacen) regenta una quesería donde fabrican de manera artesanal queso con leche de oveja 100%. Ovejas que crían ellos mismos y cuidan con esmero y de cuya leche obtienen un queso riquísimo que comercilizan de manera muy local con el nombre de Quesos de Leyva. Pues el otro día me invitaron con motivo de las tradicionales “luminarias” de San Antón y para allá que me fui. Me encanta esta tradición.
En este época del año es cuando toda la gente del campo realiza las labores de poda y limpieza de sus árboles. El rastrojo que queda se apila en grandes montones que posteriormente se queman coincidiendo con la festividad de San Antón. En muchos sitios como, por ejemplo, aquí en la Alpujarra en Torvizcón se realizan matanzas y se aprovechan las hogueras -aquí las llamamos “chiscos“- para hacer barbacoa. Allí en Guadix es genial porque, además de grandes hogueras en la noche, es tradición quemar gran cantidad de petardos de todo tipo y al día siguiente se celebra una romería en una ermita en la parte alta del pueblo con carretas y toda la parafernalia. Parece mentira pero la ciudad arde por los cuatro costados. Hay fuego en todos los barrios (los vecinos se juntan para hacer su propia luminaria), los críos en pandilla también van acumulando leña en cualquier pequeño espacio que encuentran, otros hacen la hoguera en la puerta de su casa cueva…todo eso se quema por la noche y es precioso. Vayas por donde vayas hay llamas y gente alrededor comiendo, bebiendo y pasándolo bien. Yo lo pasé tan bien que ni siquiera me acordé de sacar alguna fotillo con el móvil.
Al día siguiente nos levantamos y fuimos al campo a visitar la quesería y me encontré con la agradable sorpresa de que una oveja acababa de parir. Un espectáculo precioso. El borreguito en el suelo, sin poder levantarse aún y la madre con la bolsa de la placenta colgando. Al ratillo el recién nacido ya intentaba ponerse en pie y tras unos minutos ya lo hacía, con las cuatro patas arqueadas para mantener el equilibrio y su madre olisqueándolo cariñosamente. Esas pequeñas cosas son las que me gustan. Me quedé como hipnotizado por ese bello acontecimiento durante un montón de rato frente a la verja que delimitaba el corralito donde se encontraban. Espero que os gusten estas bellas imágenes.

Corderito recién nacido

Cordero recién nacido

Borrego en pie a los pocos minutos de nacer
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